¿Te cuesta decir que no? A mí ya no.
No es rechazo, es respeto. Y a veces, eso empieza con una sola palabra.
Esta semana volví a decir que no.
A un plan que no quería.
A un compromiso que no me hacía bien.
A una conversación que me drenaba.
Y no sabes la paz que sentí.



